El parque vertical
Iñaki Ábalos 20/09/2008
Lo que entendemos por parque nace en el momento en el que alguien traza un camino sinusoidal atravesando un fragmento virgen de naturaleza y descubre lo atractivo que es conseguir que nunca coincidan las direcciones del ojo y los pies, que los caminos rodeen el objeto de la visión y construyan una escenografía de la mirada y un ballet con la motricidad del cuerpo. Éste es el principio elemental, bidimensional, de un interés por la "experiencia" que se inaugura entonces como tema de orden estético, como una nueva forma de belleza que cien años después la modernidad reelaboró introduciendo esos caminos en los edificios -Le Corbusier los llamó acertadamente promenades architecturales y con ellos atravesaba sus proyectos que se convertían así en naturalezas muertas cinemáticas, encontrando un duplicado del jardín pintoresco en el interior de sus arquitecturas (las ventanas-paisaje unían y separaban ambos, al exterior los jardines enmarcados, al interior las naturalezas muertas cubistas, haz y envés de una concepción que ampliaba a tres dimensiones el ballet y la escenografía sinusoidal)-.
Hoy, las formas sinuosas más complejas han entrado a formar parte de la arquitectura y el paisajismo incorporando nuevas referencias plásticas, nuevas técnicas y materiales, nuevos paradigmas científicos y nuevas "dimensiones", pasando éstas a cuatro con la incorporación del tiempo como instrumento de proyectación. Aún está por escribir la historia de esta línea elemental pero también está aún por imaginar lo que semejante expansión de sus posibilidades espacio-temporales puede dar de sí en el futuro próximo. Algo conoceremos si miramos al lugar en el que surgen las ideas, esas incubadoras que son las Escuelas de Arquitectura. La línea sinusoidal inaugurada por los primeros autores pintorescos recibe en ellas, de forma inconsciente, una atención y una evolución vertiginosas. Vayamos donde vayamos, sea cual sea el país o el profesor, la escuela o la tendencia dominante, los futuros arquitectos ensayan y repiten casi al unísono un mismo gesto aún frustrado, casi nunca exitoso, pero con esa obstinación que sólo da el estar abducido por una idea que "hay" que hacer, y que va consolidándose así como necesaria. Y lo que se modela con esta reiteración es algo que difícilmente puede catalogarse en los compartimentos de la "arquitectura" o del "paisaje", porque busca obstinadamente fundir ambos, enroscarse formando hélices o nidos o tornados, construir una entidad híbrida, de nuevo cuño, vertical, que sólo la inercia nos permite llamarla momentáneamente aún construcción vertical o "rascacielos". Esta "entidad" vertical es una amalgama, un material a la vez natural y artificial, que busca tecnificar su hilazón sinusoidal para construir una experiencia análoga a la que nuestros maestros modernos llamaban parque, espacio público, ágora. Al enroscarse genera una naturaleza diferente, cuya manipulación permite construir programas híbridos de ocio y productivos, a la vez ecosistemas, parques naturales, parques temáticos, laberintos, granjas agrícolas y ganaderas, parques energéticos; "entidades" autosuficientes y abiertas, que utilizan el viento, el agua, la luz o la tierra como material de construcción activo, capaz de generar recursos públicos y económicos.
Esta amalgama vertical es en definitiva un nuevo parque ajustado a una nueva percepción y a una nueva noción de ocio, una entidad que permitirá establecer nuevos diálogos entre los humanos y los no humanos, levantar un nuevo "parlamento de las cosas", para utilizar la expresión de Bruno Latour. No es difícil vaticinar que veremos esta idea construida en pocos años, como resultado actualizado de un artificio proyectual con más de 200 años. El último parque será vertical, se construirá en todas las grandes metrópolis y dará nueva vida al paisajismo como disciplina del espacio público y el medioambiente.
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El lado oscuro de la arquitectura
Propuestas sostenibles, algún dislate y necesarias dosis de realidad, en un recorrido por una Bienal de Venecia llena de preguntas sobre el futuro
ANATXU ZABALBEASCOA - Venecia - 19/09/2008
El lado oscuro de la arquitectura es la ambigüedad. En el mejor de los casos, porque se convierte en una puerta abierta a la interpretación y, en el peor, pretende engañar. Así, el "más allá de los edificios" propuesto por el comisario de la actual Bienal de Venecia, Aaron Betsky, ha sido interpretado por la mayoría de los países participantes como la exigencia de una respuesta sobre las urgencias de la arquitectura, tan ligadas a las del planeta.
La francesa Anne Lacaton, que un día declinó intervenir en una bienal al ser rechazada su propuesta de emplear el presupuesto en construir un puente en África, sigue creyendo que las bienales son una "pérdida de energía y dinero". Tal vez por eso aplaudió convertir el pabellón belga de esta bienal en un espacio vacío, repleto de confeti, titulado Después de la fiesta. Lo firman Geers y Van Severen. Y algo parecido han hecho otros países, como Japón, donde Junya Ishigami ha levantado invernaderos en torno a un pabellón vacío y caligráfico. Entre vacíos, realismo y filigranas, las dos vertientes de la arquitectura actual se han dado cita en esta undécima edición de la Bienal (que tiene lugar hasta el 23 de noviembre). Una trata de resolver problemas y la otra no cesa de proponer utopías formales y conceptuales. Así, es significativo que el León de Plata se lo llevara Gregg Lynn, la gran promesa de la arquitectura digital, por fabricar muebles supuestamente reciclando juguetes pero, en realidad, decapitándolos para que parezcan reciclados. Todo un signo del final de la fiesta.
En el Arsenale, donde exponen los arquitectos seleccionados por Betsky para ilustrar su tesis, Zaha Hadid presenta sus muebles fluidos que funcionan como arquitecturas. Otros autores de formas sinuosas, los neoyorquinos Asymptote, exponen "prototipos de futuro", "casas para el subconsciente". Y Víctor López Cotelo, que muestra su reconversión de una fábrica de curtidos en el pabellón de España, comenta que "las casas deben pensarse para el presente si quieren llegar al futuro".
Pero no todos opinan lo mismo. Los holandeses MVRDV están detrás del Skycar City, "una ciudad que libera al urbanismo de la incomodidad del plano" y en la que los coches circulan... por el cielo. En esa línea, el valenciano Vicente Guallart pone una vela a Dios y otra al diablo cuando propone un vistoso "hiperhábitat" en el que "la interacción de objetos con microordenadores puede programar el mundo", dice. Y se pregunta si el planeta podría resistir otro siglo XX. ¿Cómo han respondido las estrellas arquitectónicas a la provocación de Betsky? Con la fórmula mágica, y nada fácil, de nadar y guardar la ropa. Hay quien lo consigue. El octogenario Frank Gehry, que recibió el León de Oro a su trayectoria, sostiene que "la arquitectura existe antes, durante y tras la construcción". También los suizos Herzog & de Meuron (con Ai Wei Wei) saben hacer equilibrios. Como su arquitectura, su respuesta es sutil. En el corazón del pabellón de Italia tienen instalada una hermosa estructura de bambú de la que brotan sillas. Lo tiene todo: es escultural y espacial, habla de tradición pero no es convencional.
Los comisarios españoles Ángel Fernández Alba y Soledad del Pino también contestan a Betsky eligiendo la obra de arquitectos discretos: Llinás, Clotet, Picado y de Blas, Navarro o el propio Cotelo, y las propuestas de jóvenes. "La ironía no se pasa, pero el chiste sí", comentan.
La propuesta de mayor calado podría estar en el pabellón británico. Cinco arquitectos, de Tony Fretton a Sergison Bates, responden a las especulaciones con la realidad de viviendas públicas. Denise Scott Brown, invitada estelar, lo explica así: "Una enorme preocupación por dar cobijo a los pobres sacará a los arquitectos de la arquitectura y los llevará a la economía y a la política", vaticina. En el pabellón de Francia echan mano de Camus: "La generosidad hacia el futuro consiste en darlo todo al presente". Y dedican su pabellón a lo inesperado: un jardín en la azotea, pequeñas alegrías en lugar de grandes soluciones. Más allá de la arquitectura, la política también pasea por Venecia. Con el lema "Venezuela construye una esperanza", el antiguo pabellón de Carlo Scarpa queda oculto tras paneles que explican la mejora en el nivel de vida de los venezolanos. Contrastan con la información que dan los ex residentes cuando aseguran que Chávez ha eliminado la clase media y se dedica a repartir azúcar, como un señor feudal. El pabellón de Polonia, que explora "la vida después de los edificios", recibió el León de Oro. Y López Cotelo resumió esta edición con esperanza: "A través de lo negativo llegamos a lo positivo".
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¿Reprogramando la ciudad?
JOAN SUBIRATS 18/09/2008
El título de este artículo puede parecer excesivo, pero he de advertir de que mis pretensiones se limitan a la ciudad, y he añadido prudentes interrogantes. En la Bienal de Venecia de este año, el arquitecto Vicente Guallart, con mucha más valentía que yo y sin interrogante alguno de cautela, ha titulado su instalación Hyperhabitat. Reprogramando el mundo. Mi intención es aprovechar el manifiesto del comisario de la Mostra Internazionale di Architettura que se encuadra en la Bienal, Aaron Betsky, en el que plantea el dilema "edificios o arquitectura", para aportar mi granito de arena a tan ambiciosa tarea.
Por lo que se desprende de los resúmenes de prensa que se han publicado acerca de los objetivos de la Mostra de este año, su planteamiento trata de evitar la tendencia a disociar la labor del arquitecto del entorno en el que se inscribe. Betsky denuncia que la tarea específica del proyecto de edificio, con las limitaciones cada vez mayores que incorporan los códigos técnicos y las condiciones de seguridad e higiene, ha ido reduciendo al mínimo la capacidad de experimentación de la arquitectura con relación a la estructura, a la forma o al espacio. "Una arquitectura que pretenda dar soluciones construyendo es falsa, está muerta. Los edificios son la tumba de la arquitectura". Como provocación no está nada mal, y de alguna manera se alude y se critica la moda de contratar arquitectos que dejan caer sus edificios en una ciudad o espacio con una lógica autista, indiferente a su entorno.
El problema es descubrir cuáles serían las salidas a esa hipotética parálisis autocontemplativa. Y por lo que aparece en los medios acerca de las propuestas recogidas en la Mostra veneciana, no podemos ser demasiado optimistas. Por una parte, se exploran diseños de interiores, de objetos, de muebles. Por otra, se apuesta por la interconectividad entre los espacios construidos y el mundo exterior. En la propuesta de Guallart, todos los objetos de las seis viviendas para jóvenes, con un macroespacio compartido, disponen de equipamiento electrónico, que les permite comunicarse entre ellos y con el exterior. El crucifijo con el Vaticano, la bombilla con la central nuclear. Y como afirmó Guallart al respecto, la paella con los potenciales interesados en su ingesta inmediata o la postergada de los restos que acaben sobrando. El objetivo aparente sería avanzar en la optimización de servicios y la autosuficiencia de cada pieza y de la vivienda en su conjunto, "en pos de una mayor eficacia, del ahorro energético, de una mayor interacción social, de un mundo más humano". El objetivo es ambicioso, ya que nada más y nada menos se quieren sentar las bases de una nueva organización mundial.
Simpatizo con la incomodidad que producen esos edificios icónicos convertidos en la expresión más evidente e hiriente de una arquitectura al servicio del marketing de ciudades, de la ciudad espectáculo o de la "ciudad de pensamiento único", en afortunada expresión de la urbanista brasileña Erminia Maricato. Y concuerdo con la necesaria búsqueda de espacios que permitan encontrarnos. Pero lo menos que se puede afirmar es que la propuesta de Betsky está llena de contradicciones, al plantear este tipo de dilemas invitando a "repensar el mundo" a arquitectos como Frank Gehry o Zaha Hadid, que más bien parecen representar la tendencia que se discute. Frente a las dinámicas económicamente hegemónicas, en las que se prima la hipermovilidad de unos cuantos (los frequent flyer class) y al mismo tiempo el repliegue defensivo del lugar en el que tratan de refugiarse, deberíamos poder postular políticas e intervenciones urbanas que traten, al mismo tiempo, de constituir un lugar común (de todos y para todos), la mayor facilidad para la movilidad colectiva (evitando el sentido de clausura, de exilio de la periferia) y la capacidad de gobierno conjunta de esos espacios compartidos. Y para ello hemos de superar esa visión estrecha que prima los lugares físicos y la ornamentación sobre las personas, y que acostumbra a dar por supuestas las prácticas o relaciones sociales a partir de lo construido.
Esa "ideología espacialista" (como dice Olivier Mongin) ha tratado de defender la idea que la clave de la convivencia estaba en el diseño de los lugares, en la combinación de edificios y flujos. Y sin restarle importancia al tema, deberíamos reivindicar la aceptación de una mayor complejidad conceptual y operativa. Para que los ciudadanos puedan hacerse suyos esos lugares, deben poder practicar en ellos su autonomía, ejercitar su diferencia, hacer reales las posibilidades de solidaridad e igualdad. Y sin empleo, sin formación, sin condiciones dignas de habitabilidad, sin transportes adecuados, sin salud o sin seguridad, ello se hace muy difícil. ¿Se puede reprogramar el mundo sólo desde la arquitectura? Necesitamos espacios, pero espacios practicados, espacios conquistados y vividos. Y espacios conectados. La condición de movilidad para todos es hoy esencial. Sin movilidad ya no podrá haber lugares. Una de las formas más evidentes de desigualdad social en la actualidad es precisamente las grandes diferencias que se generan en la capacidad de moverse, de desplazarse, de salir y entrar. Buscamos sitios en los que permanecer y vivir, pero también sitios de los que salir.
No acabo de ver (quizá por mi propia incredulidad ante esos ejercicios elitistas de aparente renovación conceptual que acaban cayendo en los propios vicios autistas y esteticistas que aparentemente denuncian) que las propuestas de la Mostra de Venecia apunten en esa dirección. Lo que necesitamos es conceptualizar y materializar nuevas aproximaciones a los problemas urbanos (sostenibilidad, inclusión social...) y hacerlo no con una estricta mirada disciplinaria, sino con diálogo y la puesta en cuestión de los parámetros que hasta hoy han impulsado la construcción de la ciudad. Y en un plano más operativo, no podemos desvincular esas reflexiones de la existencia de conflictos, de la necesidad de plantearnos nuevas formas de gobernar las ciudades. Una agenda urgente y exigente de nuevas políticas urbanas y sociales en la que la arquitectura, con sus espacios, edificios y capacidad reflexiva, debe estar presente, en diálogo con muchos otros actores y colectivos.
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Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB
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La Solana del Mar y La Ricarda
ORIOL BOHIGAS 17/09/2008
Han llegado hasta aquí persistentes rumores de una protesta colectiva contra la degradación y la destrucción parcial de uno de los edificios más significativos de la arquitectura moderna en Uruguay y seguramente en toda la América Latina: La Solana del Mar, en Punta Ballena, obra del catalán Antoni Bonet (1913-1989).
Josep Lluís Sert y Antoni Bonet fueron, en dos etapas muy próximas y consecutivas, los mejores representantes en España del Movimiento Moderno, los arquitectos con mayor cultura internacional y con una sensibilidad extraordinaria que les permitió elaborar la evolución de los iniciales dogmas racionalistas hacia la reintegración crítica de las realidades locales, las tradiciones constructivas y el complejo identitario del genius loci, en lucha contra el amaneramiento del International Style. Los dos sufrieron el exilio después de la Guerra Civil y desarrollaron su obra en América hasta que retornaron a Cataluña, donde pudieron volver a trabajar, con intervalos sucesivos pero con obras significativas y sin duda muy valiosas.
Una de las obras que catapultaron a Bonet al prestigio internacional fue, precisamente, la urbanización de Punta Ballena, construida en los años cuarenta en un paraje todavía inmaculado de una belleza sorprendente. En los últimos años esa belleza natural ha sido gravemente mutilada por la especulación turística adocenada y abusiva. A pesar de ello, el conjunto de la urbanización, las viviendas privadas proyectadas por Bonet y el centro social de la colonia -la Solana del Mar- han mantenido su presencia activa, si no en el nivel de uso que prometían, por lo menos como testimonio de una aventura cultural en el paisaje y en la forma de vida. Parece, no obstante, que la degradación y la ausencia de una protección oficial están afectando al conjunto, sobre todo al edificio central, de carácter más comunitario y, en cierta manera, más representativo.
Desgraciadamente, la obra de los arquitectos hay que juzgarla teniendo en cuenta el complicado itinerario de fracasos y encargos interrumpidos. Los dos proyectos urbanísticos más ambiciosos de Bonet fueron el Plan de Buenos Aires de la época de Perón y el Plan de la Ribera en Barcelona de la época de Porcioles. Ninguno de los dos llegó a realizarse a pesar de los buenos apoyos políticos y económicos, y del interés programático de las propuestas. En ambos estableció una nueva fidelidad a los principios del urbanismo racionalista o funcional, condicionados, no obstante, a un inicial realismo estructural y estético, por lo cual pueden todavía citarse como testigos de un momento crucial en la evolución de los nuevos asentamientos urbanos y en la rehabilitación de los antiguos, adictos a la esencia del lecorbusierismo, pero tendentes al reconocimiento de una urbanidad más consensuada.
Esa misma actitud -con las variantes impuestas por el tema- se descubre también en las diversas viviendas unifamiliares que Bonet construyó en Cataluña. Entre ellas, las más representativas son la Casa Gomis, en La Ricarda, junto al aeropuerto de El Prat, y la Casa Cruïlles, en una playa de Aiguablava, dos obras maestras indiscutibles, adaptadas a las exigencias del paisaje, definidas con racionalidad geométrica, construidas con sistemas de bóvedas según tradiciones locales, enmarcadas en un lenguaje a la vez radicalmente innovador y pudorosamente tradicional. A la torre de la plaza de Urquinaona -una de las mejores obras de la época incierta de los "edificios singulares"- podrían aplicarse los mismos adjetivos.
La maravillosa casa de La Ricarda, ante los cambios del aeropuerto y la proximidad de las nuevas pistas, las normativas de la costa y la depauperación ambiental, ha dejado de funcionar como una vivienda unifamiliar estable, pero se mantiene con dificultades como un modelo paradigmático. El profesor Jordi Garcés inicia cada año su curso en la Escuela de Arquitectura acompañando a todos sus alumnos a visitar esa casa y a analizar los parámetros estilísticos y metodológicos que pueden ser todavía el sustento de un programa pedagógico. Es un monumento, por tanto, que hay que conservar y potenciar con inteligencia y con sentido de la historia. Y en este caso la conservación pasa ineludiblemente por destinarle un uso más colectivo -más histórico- que supere los residuos de una vivienda familiar, hoy día ya prácticamente imposible. Sé que ha habido gestiones con la Generalitat, el Ayuntamiento de El Prat, la Universidad Politécnica y el Colegio de Arquitectos para definir y promover institucionalmente esos nuevos usos, sin resultados positivos. Parece que la propiedad está dispuesta a colaborar y, de momento, mantiene la estabilidad y el valor paisajístico de esa joya de la arquitectura. Pero no es suficiente: el único camino eficaz para mantener un monumento que ha perdido su uso es aplicarle otra función adecuada y compatible.
Evidentemente, tenemos que sumarnos a la llamada colectiva en defensa de La Solana del Mar y de todo el conjunto de Punta Ballena, pero en paralelo tendríamos que preocuparnos fundamentalmente de La Ricarda y, en segundo término, de otras obras de Bonet construidas en Cataluña que pueden estar en peligro de decadencia e incluso de ruina. Casi siempre la solución será encontrar nuevos usos a las edificaciones que se han convertido parcialmente en obsoletas, porque, sin un contenido adecuado, la arquitectura se momifica y acaba en una extemporánea y difícil pieza de museo insostenible o en una ruina ni siquiera aureolada por un contexto romántico.
Oriol Bohigas es arquitecto
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Calatrava pierde las alas
Mientras todo Nueva York se rendía durante el pasado aniversario ante la evidencia de que la reconstrucción de la zona cero es un desastre, Santiago Calatrava, responsable del intercambiador de transportes, afirmaba: "En Nueva York no hay problema. Los trabajos continúan adelante". Lo declaró a este periódico después de que el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg clamara, en un artículo publicado en The Wall Street Journal, que su estación debía "reducirse" por ser "demasiado complicada". El regidor no sólo criticó el intercambiador, sino toda la reconstrucción del solar que ocupaban las Torres Gemelas.
Pero, puesto que se asentarán sobre el centro de transportes, las obras de los edificios dependen de que avance o no el ambicioso proyecto del ingeniero y arquitecto español, que nació con un presupuesto de 2.200 millones de dólares (1.547 millones de euros), pero que se ha multiplicado y cuesta ya un tercio más. En definitiva, si la construcción del intercambiador se retrasa, toda la zona cero sufre.
Pese a haber sido aplaudido unánimemente por su diseño "excepcional", según el arquitecto Daniel Libeskind, autor del proyecto original general para toda el área, además de estar resultando más caro de lo previsto, la idea de Calatrava va perdiendo poco a poco su esencia original. Lo más aplaudido desde que se conociera el proyecto, era que incluía una estructura transparente que evocaba las alas de una paloma y que, al abrirse, permitiría la entrada de luz natural. En julio ya se anunció que las alas no eran viables. El mes próximo se sabrá hasta donde podrá volar Calatrava.
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'Zona cero': misión imposible
Un complejo entramado de intereses políticos y económicos retrasa la reconstrucción del World Trade Center - Las obras podrían durar otros 10 años más
BARBARA CELIS - Nueva York - 15/09/2008
Ni Sexo en Nueva York ni Los Soprano. El verdadero culebrón que mantiene en vilo a Manhattan se titula zona cero y acaba de entrar en su octava temporada. Desde que los atentados del 11-S derribaran las Torres Gemelas dejando al desnudo 64.000 metros cuadrados de isla, un puzle de emociones, intereses económicos y políticos se ha adueñado de aquel espacio, impidiendo su renacimiento urbanístico. "Siete años después de los ataques, el solar en el que se erigía el World Trade Center sigue teniendo el triste sabor de un área en construcción", clamaba durante el reciente aniversario un editorial de The New York Times.
El mito de Nueva York como ciudad urbanísticamente dinámica del que el Empire State Building era el mayor emblema -se construyó en apenas 13 meses en 1931- se ha topado con el muro inexpugnable de un ambicioso proyecto de presupuestos astronómicos que nadie sabe cómo financiar. La última estimación rondaba los 13.000 millones de dólares (9.100 millones de euros), pero aparentemente sólo existe la mitad de ese dinero.
Además, en siete años el precio de los materiales de construcción se ha encarecido en un 30%, por no hablar de la crisis económica que ha golpeado ese sector y que hace que cada decisión tenga que ser calibrada con extrema atención. Los enfrentamientos de poder entre las 19 agencias locales, estatales y federales que participan en el proyecto han llevado a una falta absoluta de dirección en las obras. A esto hay que añadir continuos cambios en el diseño de toda el área, debidos en gran parte a la politización de los sentimientos que genera un espacio con sobredosis de carga emocional: no sólo es terreno edificable, sino el santuario en el que murieron casi 3.000 personas un fatídico 11 de septiembre.
El resultado de este cóctel único es que los plazos para la finalización de la construcción de cinco rascacielos, un monumento, un museo dedicado a las víctimas, dos centros culturales y un intercambiador de transportes -el que diseña el español Santiago Calatrava- volverán a retrasarse oficialmente a finales de septiembre. "Los plazos actuales no son realistas, así que la Autoridad Portuaria de Nueva York publicará en dos semanas un nuevo calendario. También los presupuestos volverán a cambiar", aseguró a este diario su portavoz Steve Coleman. Esta agencia es la encargada de dirigir la construcción de un área de la que es propietaria, pero cuyo alquiler hasta finales de siglo está en manos de Larry Silverstein, el magnate inmobiliario con los mayores intereses económicos de la zona cero.
Silverstein era el arrendatario de las Torres Gemelas, por cuya pérdida recibió el pasado año 4. 500 millones de dólares (3.160 millones de euros) de sus aseguradoras, un tercio de lo que en 2003 se calculaba que podría costar la reconstrucción de la zona cero. Con ellos ha financiado el único edificio que ya existe, el WTC7 y parte de la construcción de las torres 2, 3 y 4, cuyas obras comenzaron este año. También está en sus manos la torre 5, imposible de construir hasta que no se desmantele el ruinoso Deutsche Bank Building, un edificio dañado durante los ataques, pero aún en pie en medio del solar. La emblemática Torre de la Libertad, que este mes alcanzó los ocho metros de altura -¡después de cuatro años de obras!-, también depende en gran parte de su bolsillo, aunque por conflictos políticos -tiene carga simbólica- este año la responsabilidad de la construcción se le entregó a la Autoridad Portuaria.
El controvertido rascacielos, coronado por una espiral en su cima que emulará la antorcha de la Estatua de la Libertad y que algún día alcanzará una altura de 541 metros (1.776 pies, cifra simbólica que alude a la fecha de la independencia norteamericana) es el perfecto reflejo del caos en el que se ahoga la reconstrucción.
Originalmente fue concebido por Daniel Libeskind, que ganó en 2003 el concurso de planificación de toda la zona cero, titulado Memory foundations (Cimientos de la memoria). Un año después, las discrepancias entre Silverstein y el arquitecto obligaron a que Libeskind aceptara el rediseño de esa torre hecho por David Childs, de la firma SOM, que se llevó el suculento encargo de su construcción, presupuestada entonces en 3.000 millones de dólares (2.110 millones de euros). Seguridad y problemas técnicos han hecho que su diseño vuelva a cambiar tres veces desde entonces. "El resultado es que ahora la Torre de la Libertad es un híbrido mediocre", ha sentenciado Paul Goldberger, crítico de arquitectura de la revista New Yorker. Esa torre, que este año tendría que haber alcanzado la mitad de su altura, también tiene financiación pública a través de la Lower Manhattan Development Corporation, una confusa agencia creada tras los atentados con el fin de gestionar, entre otras cosas, los fondos federales para la reconstrucción y que ahora el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quiere desmantelar. "Debería entregarle a la alcaldía sus responsabilidades en la construcción para eliminar burocracia innecesaria", clamó la pasada semana desde las páginas del Wall Street Journal.
Respecto a las torres 2, 3 y 4, Silverstein le entregó el encargo a los estudios de Richard Rogers, Norman Foster y Fumihiko Maki. Sin embargo, según fuentes cercanas a uno de ellos, "todo está casi paralizado porque hay continuos retrasos en la construcción del monumento y el intercambiador, y eso imposibilita ponerle fecha al fin de las obras de los edificios. Sin una fecha de entrada, es difícil captar clientes dispuestos a alquilar oficinas, contratos de los que depende el dinero para completar los proyectos".
El monumento a las víctimas diseñado por Michael Arad y Peter Walker es otro culebrón en sí mismo. Con un presupuesto de 1.000 millones de dólares (700 millones de euros), tenía que haber estado listo en 2009. Pero la falta de fondos y las protestas de los familiares, que consideraron que era un monumento a los edificios y no a los muertos, retrasaron su arranque (la primera columna de sus cimientos se puso el pasado 2 de septiembre). Las familias de las víctimas también dinamitaron el complejo museístico que lo iba a acompañar, donde estaba previsto crear el Centro Internacional de la Libertad, dedicado a mostrar la historia internacional de la lucha por las libertades, y el Museo del Dibujo. Al primero, las familias lo consideraron irrespetuoso porque hablaría de "otros" cuando aquello era un terreno dedicado a "sus" víctimas. Y clamaron contra el Museo del Dibujo porque en su actual sede neoyorquina se había atrevido a mostrar "arte antipatriótico" (una exposición sobre las torturas de Abu Ghraib). "No fueron sólo los familiares, muchos ciudadanos se quejaron", se excusaba a este periódico Michelle Breslauer, portavoz del museo y monumento a las víctimas del 11-S. La firma Snohetta, escogida para diseñar el complejo museístico ha tenido que limitarse a diseñar una entrada para el Museo de las Víctimas.
Breslauer no quiere criticar los retrasos que ha sufrido un monumento cuyo presupuesto ha encogido en 500 millones de dólares. "Han pasado muchas cosas, pero ahora lo único importante es que todos los implicados en la zona cero se comprometan a terminarlo para el décimo aniversario. Las víctimas necesitan un lugar al que ir a recordar a sus muertos", declaró.
Del centro cultural que iba a construir Frank Gehry no hay ni rastro en los planos actuales porque no hay fondos para construirlo. "No arrancará hasta, al menos, 2010 o 2011, cuando finalicen las obras del intercambiador de Calatrava", ha declarado Silverstein. Toda la expectativa se centra ahora en las nuevas fechas que anunciará la Autoridad Portuaria en breve. Pero, a la vista de las circunstancias, al culebrón de la zona cero aún le pueden quedar 10 años de vida por delante.
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Esquisses d'un au-delà de l'architecture
REPORTAGE. La 11e Mostra internationale expose des installations plutôt que des constructions. Pour plus d'idées, une exploration des pavillons nationaux s'impose.
Lorette Coen, Venise
Samedi 20 septembre 2008
Décor immuable, Venise et sa lagune, sites identiques, affluence affolante, convergence massive de journalistes et couverture de presse impressionnante: la 11e Mostra internationale d'architecture n'a plus rien à envier, désormais, à sa grande sœur, la Biennale de l'art. Ouverte le week-end dernier sous des trombes d'eau, elle a refusé une foule de «beautiful people» à la fête inaugurale, en dépit des cartons d'invitation, au prétexte que l'immense Arsenal était plein. On se contentera de pressentir la présence de têtes couronnées - Jean Nouvel, Zaha Hadid ou encore Frank O. Gehry, sacré du Lion d'or pour l'ensemble de sa carrière. Puis on plongera jusqu'à l'asphyxie visuelle et intellectuelle dans cette Biennale démesurée, galaxie foisonnante et confuse sur laquelle d'innombrables expositions, conférences, débats et réceptions sont venus se greffer.
A l'orée des Giardini di Castello, site des pavillons nationaux, une rencontre rafraîchissante: celle de la Pallethouse des Viennois Andreas Claus Schnetzer et Gregor Pils, l'un des dix projets lauréats du premier Concours étudiant européen d'architecture durable. Ce prototype grandeur nature construit à l'aide palettes recyclées s'adapte aux situations les plus variées: maison de vacances aussi bien que logement d'urgence pour personnes déplacées ou habitants de bidonvilles. On retrouvera d'autres architectes en herbe exposés dans les Artilleries, espace dévolu à Everyville, le concours «on line» pour jeunes talents lancé par Aaron Betsky, le directeur américano-néerlandais de cette 11e Biennale.
782 candidats, de 48 pays, les plus nombreux originaires d'Italie, des Etats-Unis et du Brésil, ont répondu à la question résumée ainsi: imaginez une ville, rappelez-vous celle où vous avez grandi, vos sensations, les sons, le vent dans les arbres... Or voici qu'aujourd'hui les lieux s'évanouissent plus rapidement qu'une vie humaine. Dans ces conditions, qu'est-ce qui constitue la réalité, qu'est-ce qui confère un ancrage physique et social? L'architecture, au sens traditionnel, n'apporte pas la réponse. Car comment construire un sentiment d'appartenance communautaire alors que l'espace matériel se dérobe? Formulées par des étudiants de toutes disciplines, les cinquante meilleures réponses, projetées sur grand écran, selon un système habile et ludique capable de relier thématiquement les projets entre eux, offrent des préfigurations de l'avenir d'un enthousiasme entraînant.
Heureusement. Car la visite de l'Arsenal évoque celle d'un bric-à-brac. Priés de renoncer aux habituels plans et maquettes, les quelque 22 bureaux invités par Aaron Betsky - selon quels critères? - s'y expriment de manière plus ou moins forcée et séduisante, sous forme d'installations plus ou moins hermétiques. L'exercice paraissait périlleux d'emblée; et, en effet, mimer les langages de l'art pour traiter le thème de cette Biennale, «Out There. Architecture Beyond Building» (Là-dehors. L'architecture au-delà du bâtiment), n'a pas produit de discours articulé perceptible.
Dans un tel contexte, le Suisse Philippe Rahm reste l'un de ceux qui tire le mieux son épingle du jeu. Alors que les visiteurs passent devant la pièce de mobilier de tonalité citron, aux sempiternelles formes fluides, le Lotus Design de Zaha Hadid, ils s'arrêtent devant le Digestible Gulf Stream qu'il a imaginé, prototype d'une architecture qui travaille sur les températures, les atmosphères, la lumière. Entre deux plans métalliques horizontaux, placés à des hauteurs différentes, portés l'un à la température de 28°, l'autre à 12°, se crée un mini courant d'air; un paysage météorologique invisible se trouve ainsi construit. D'autres expositions-installations - Hall of Fragments, Rome interrompue, La Ville non éternelle - occupent encore l'Arsenal sans qu'un sentiment autre que celui d'impuissance ne se dégage de cette accumulation d'images.
Inversement, dans certains pavillons nationaux des Giardini, qui proposent des réflexions sur l'architecture durable (l'Allemagne), le logement social (l'Angleterre), l'éducation et la recherche (la Suisse), le changement climatique (le Danemark), s'ouvrent, plus humblement, des pistes autrement fructueuses. Ainsi, cette remarque formulée lors d'un débat organisé dans le pavillon helvétique, par Alejandro Aravena, représentant le groupe chilien Elemental, lauréat du Lion d'argent pour jeunes architectes prometteurs: faire de l'architecture aujourd'hui, c'est élargir son métier à la solution de problèmes d'intérêt général. Elemental en a donné l'exemple très concret en dressant des projets de logement, assortis de modes de financement originaux qui favorisent l'inclusion sociale ainsi que la densification urbaine. Un discours terre à terre, très au-delà du bâtiment selon Aaron Betsky.
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Una Bienal más allá de la arquitectura
La megaexposición de la ciudad italiana, que estará abierta hasta el 23 de noviembre, busca la sostenibilidad. La edificación pierde protagonismo.
Venecia, Italia, EFE
Los edificios, a pesar de ser los elementos que se asocian intuitivamente con la arquitectura, no tienen cabida en la edición del 2008 de la Bienal de Venecia. La exhibición se centra, más bien, en proyectos innovadores sobre cómo hacer el espacio más habitable.
“La arquitectura no se trata solo de construir, sino del modo de pensar y dialogar sobre los edificios. Es el modo de representarlos y realizarlos. Y, de forma más genérica, es un modo de dar vida y de dar alternativas críticas al ambiente humano”, sostiene el comisario de la Bienal, Aaron Betsky
A esta tarea se dedican los 25 estudios internacionales que participan en esta sección, la principal de la XI Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, que cerrará sus puertas el 23 de noviembre, añade el estadounidense.
Por esto, tanto los promotores de la cita como algunos especialistas han apuntado que la muestra parece más propia de un museo de arte contemporáneo que de una exposición de arquitectura de uso.
Las creaciones elegidas son, en su mayor parte, instalaciones de aspecto futurista y visionario sobre posibilidades inexploradas de ‘habitar’ el espacio, que en varios casos permiten la interacción del visitante e incluyen una ‘performance’ en vivo.
La propuesta de la arquitecta de origen iraní Zaha Hadid y su socio Patrick Schumacher, por ejemplo, es un enorme mueble verde de una sola pieza con una compleja forma que permite su uso para descansar sentado, dormir, guardar cosas o simplemente curiosear y ‘toquetear’. Muy cerca está la del estadounidense Frank Gehry, que consiste en una estructura de madera recubierta de placas de barro seco.
Al comienzo del recorrido está un mosaico de docenas de bolas blancas y negras que contiene purificadores de aire, un elemento que aparece como Leitmotiv en varias salas para ‘crear atmósfera’ en el Arsenal, el edificio de la muestra, aunque el calor de Venecia mermó su eficacia.
Entre los elementos más llamativos se encuentra la ‘performance’ creada por el equipo de Philippe Rahm, que consiste en un grupo de jóvenes parcial o totalmente desnudos que, tendidos sobre una amplia plataforma blanca, se dedican a dormir, cantar o tocar música.
Una de las instalaciones más explícitas sobre el futuro del urbanismo es la del estudio Drogg & Kesselkrammer, que, con el título ‘Singletown’ (Ciudad de solteros), representa a varios maniquíes ‘encajados’ cada uno en una pequeña casa y plantea la necesidad de crear nuevas redes sociales ‘en un mundo atomizado’.
La preocupación por crear hábitats adecuados y confortables llega incluso a la sala de prensa, equipada con varias camas y colchones tirados en el suelo, donde los periodistas pueden tomarse un descanso, protegidos por las figuras de dos leones alados, símbolos de Venecia.
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Koolhaas designs ‘peek-a-boo’ building for New York skyline
Posted by Kevin Brass in Lots Of Zeros, News, General
Bird’s Nest designers Herzog and de Meuron are not the only A-list European architects unveiling plans for towers in New York City these days. Plans were recently released for a new residential tower designed by Dutch master Rem Koolhaas’s Office for Metropolitan Architecture, which is creating compelling, thought provoking designs for cities around the world.
The project, 23 East 22nd Street, is tucked behind an existing tower, One Madison Park, creating a unique challenge. The result is “a form that steps out from behind, in a peek-a-boo shape that recalls his 1978 book, “Delirious New York,” in which skyscrapers do a tango,” the New York Times reports. Units in the building will range from a $7 million studio to a $50 million penthouse (about €4.9 million to €35 million).
The New York Sun dubbed it the “Peek-a-boo Building,” and took hyperbole a step further by also calling it the Lou Costello of towers. “Peeking out from behind the back of the taller building, it will deliver the impish and subversive laugh lines, while the taller building, the grown-up straight man in the equation, will preserve its unflappable rectilinear integrity,” the Sun said.
Koolhaas’ contribution—his first tower in New York—is part of a recent flood of top architects reshaping the New York skyline, as chronicled by a recent Financial Times article. “Every big figure from contemporary architecture is building there now, and building big,” the article notes.
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How the works of Le Corbusier touched his admirers
Architect, artist, visionary - Le Corbusier won admirers in many fields. Our correspondent talks to collectors and fans
French architect Le Corbusier
Christian Pambrun
HEIDI WEBER
Weber met Le Corbusier in 1958, when she was a successful interior designer in Zurich, and their subsequent collaborations led to her building a museum, the last building Le Corbusier designed and the only one in steel and glass, to house her vast collection of Le Corbusier artworks.
In 1957 I went to see a Le Corbusier exhibition at the Kunsthaus in Zurich, and I didn’t know at that time that he was a painter. I knew his architecture, but not painting. I was unbelievably moved. Then a neighbour, a graphic designer who had made the famous seven-volume book of Le Corbusier’s work, told me that he had an original Le Corbusier collage. I closed my interior design store and went to see it right away.
When I saw it, I asked if I could buy it from him. He said never: I paid 200 francs and I will never sell it. Then, about three or four weeks later, he came to my store. It was a lovely sunny day, and we went to the country park in my Fiat Topolino. He was saying, “Oh, it’s so fantastic in the car – without the car you can’t do anything like this,” and I replied, “But you have money, surely you can afford a car?” He said no, he had no money at all. Then I jumped in – but you have the collage at home! I’ll give you my car for it, I offered. He said that I was crazy, that he had only paid 200 francs for the collage. The car was 3,500 francs. I said no question, I would give him anything he wanted for it. So, we went home, I gave him the key to the car and he gave me the collage.
That was the year before I met Le Corbusier at his house in Cap Martin, on the French Riviera. I knew one of his friends, and went to see him there. Le Corbusier showed me around his house, and always in my mind was getting another painting. I was young and full of excitement, and I offered to exchange a Picasso for a painting of his. He looked at me with open eyes and he said, “All right, but how much do you want to pay for it?” I said that I had 10,000 francs in the bank, and he opened his eyes big and replied, “You really want to pay as much for a painting?” I would have paid anything. I would have sold my house for a painting! And that’s how we started.
He only designed about five private houses, he was only engaged in social projects – that’s why I worked with him. He was a real humanist. He was a very correct person, very quiet, but each minute, creative. He said nothing without creating ideas. And he was very polite. He would give a little smile and say, “Mrs Weber, come more often to Paris, it would be my pleasure.” I went every two weeks for seven years.
ALEXIS LAUTENBERG
In 1956, the father of Alexis Lautenberg, the Swiss Ambassador to London, gave him a drawing made by Le Corbusier in 1953. The Ambassador has treasured it since.
I lost my father when I was a little boy and this drawing was the last gift he gave to me. He bought it in the South of France where he used to spend his holidays. He gave it to me when I was about 11, and he died when I was 12, and I have been travelling with it ever since.
My father was a very wise man. He was interested in the development of social expressions in architecture and its important role in the immediate postwar period. He had a strong relationship with France, and was an admirer of Le Corbusier, so it was an obvious choice. He was amused by the drawing – he thought it was a nice thing to give to a little boy. I’m not going to sell it – this drawing is a very nice memory of that time.
When I was Ambassador to the EU in Brussels [1993-2000], I had a fantastic team around me and I gave everyone a copy of the drawing. I think it’s a very nice souvenir.
I didn’t realise straight away how important the drawing was, I was just trying to understand what the message written on it meant. I have considered the message [here translated from French] very important for the rest of my life. The three sentences are loaded with meaning. “To fight the mills” means that you have to stand for something – as does “Overthrowing Troy”; this refers to breaking up established thinking and inherited situations. The third one, “To be ready to carry the load”, is something that every one of us should do, and the last bit, “Without money”, is a very nice message – particularly when you read it today.
Le Corbusier was intellectually and conceptually far ahead of many others. In a way, he’s now rediscovered – he’s a very interesting choice as one of the key exhibitions in the Liverpool capital of culture programme.
NIALL HOBHOUSE
The governor of the London School of Economics and chair of its advisory board owns two very special pieces made by Le Corbusier: a 1951 model of one of the walls of the Notre Dame du Haute chapel in Ronchamp, eastern France, and a set of drawings for the Baghdad Olympic Stadium – which was one of the architect’s major projects that was never built.
These works came from one of Le Corbusier’s assistants who had worked in his office in the Rue de Sèvres [in Paris]. I bought them three or four years ago during a trip to America – they were then owned by the family of this assistant. When I saw them, I knew absolutely that I wanted to own these works. I felt that no one had been paying them attention.
What motivated me to buy them is that they’re from a phase of Le Corbusier’s architecture that has really been influential in many ways: they gave an idea of how concrete could be used in a powerful architectural way, and how architecture was liberated from a very rectilinear conception.
I have been to Ronchamp four or five times. It’s a fascinating place for architects or people really interested in architecture. I own a model of the southwest wall and the rest may have been destroyed, though there is no evidence that it was ever part of a larger or complete model of the chapel. It was made for the specific purpose of studying the effect of the window embrasures within the enormous thickness of the south wall – it seems that Le Corbusier was trying to work out the best distribution of the holes and the effect of the light on them.
Regarding the Baghdad Olympic Stadium drawings, “Corb” was discussing with his assistants how to represent plastic moulded forms in two dimensions – as they were making those new revolutionary shapes in architecture, they were forced to find a brand new language of representation. The project ran for an incredibly long time, and there are a lot of documents of all kinds related to it. The one that I’ve got is the most finished.
Both objects interest me in different ways. Not so much because of what they are, but in their capacity for conveying ideas. I’m interested in the process behind them. They’re incidentally beautiful because of the way they articulate ideas that were present during their making. I’m fascinated with the reasons why architects designed buildings the way they did, and especially with Ronchamp. Owning those works is a little bit like touching the hand of God, it’s an incredibly direct connection with Le Corbusier.
Le Corbusier – the Art of Architecture, the Crypt, Liverpool Metropolitan Cathedral (www.architecture. com/lecorbusier), Oct 2-Jan 18 2008
Etiquetas: Le Corbusier
Des nouvelles des medias d’architecture entendues à Venise
18/09/2008 Papy fait de la résistance.
Jean Nouvel, l’architecte médaillé, s’est porté acquéreur du groupe JMP ( Jean-Michel Place,) il se retrouve donc à la tête de la revue historique AA ( Architecture d’Aujourd’hui ) ainsi que de la revue Techniques et architecture. Personne ne savait dire à Venise, qu’elle en sera la ligne éditoriale, ni l’éventuelle implication de proches de Jean Nouvel ( Hubert Tonka, Jean-Paul Robert, Odile Fillion ) dans cette nouvelle aventure.
Souvent mécontent du traitement de ses réalisations par les médias, qu’il juge partisan à son égard, Jean Nouvel, cependant sauve ainsi les dernières revues françaises d’architecture.
A suivre.
Les jeunes s’en vont.
Les difficultés de la presse généraliste française ont de sérieuses répercussions sur le renouvellement des générations. Coup sur coup on apprenait le départ de Marie-Douce Albert du Figaro, après onze années de collaboration au quotidien, elle part s’installer en Belgique, et de Cyrille Poy de l’Humanité, qui devrait notamment animer des conférences au pavillon de l’Arsenal. ( Ville de Paris. )
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Solano Benítez ganó premio en Suiza
El arquitecto compatriota Solano Benítez ganó ayer la primera edición del BSI Swiss Architectural Award, con un monto de 100.000 francos suizos (alrededor de 360 millones de guaraníes). El galardón para profesionales menores de 50 años fue fruto de una extensa selección previa y es el resultado del alto nivel conceptual de Benítez.
La comunicación oficial se realizó ayer en Lugano, Suiza, y se trata de un premio internacional de arquitectura auspiciado por la BSI Architectural Foundation con el patrocinio de la Oficina Federal de Cultura de Berna y de la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Universidad de la Suiza Italiana). En el Gabinete de Arquitectura donde desarrolla su labor sobre la calle Padre Cardozo casi Juan de Salazar, Benítez recibió a familiares, colegas, medios de prensa, para festejar esta distinción que significa un compromiso para el equipo de profesionales que está desarrollando su labor hace varios años.
El premio se otorga a un arquitecto que haya “contribuido de manera decisiva a la cultura arquitectónica contemporánea y ha demostrado una sensibilidad especial hacia el contexto paisajístico y medioambiental”.
El jurado presidido por Mario Botta y compuesto por los arquitectos Emilio Ambasz (Nueva York), Valentín Bearth (Coira), director de la Academia de arquitectura de Mendrisio, Zhi Wenjun (Shanghái) y Davide Croff, anterior presidente de la Fundación de la Bienal de Venecia, le ha concedido el premio de forma unánime. Las tres obras presentadas por Benítez (una tumba en Piribebuy realizada en 2000-2001, la sede de Unilever en Villa Elisa realizada en 2000-2001 y la casa Abu&Font en Asunción realizada en 2005-2006) convencieron al jurado por su singular fuerza expresiva y por su capacidad de conjugar una lúcida relectura de la tradición del Movimiento moderno con una especial consideración hacia el contexto en el que se crean.
Según Mario Botta, presidente del jurado, “la investigación arquitectónica de Solano Benítez, elaborada en un contexto político-económico problemático, con dificultades operativas objetivas y alejada de los procesos productivos impuestos por la globalización, resulta ser de una calidad extraordinaria. La mayoría de las veces, Solano Benítez usa materiales simples”.
Etiquetas: Arquitectura Latinoamericana
El Reina Sofía acoge presentación de la arquitectura de la Expo de Zaragoza
El presidente de la Sociedad Expoagua, Roque Gistau, ha presentado hoy, en el Museo Reina Sofía de Madrid, una colección de libros de arquitectura que pretenden ser un legado importante para el futuro de la Expo de Zaragoza y para la arquitectura de la capital de Aragón.
Durante la presentación de la revista 'Z Arquitectura', Gistau ha comentado que uno de los objetivos de la Expo ha sido crear 'una pastilla urbana de la mayor calidad arquitectónica del siglo XXI, tanto desde el punto de vista del diseño como de la eficiencia en el uso de materiales, y en sostenibilidad, que era uno de los lemas de la exposición.
El presidente de Expoagua ha manifestado que los edificios que van a permanecer, tras cerrar sus puertas la Expo el pasado día 14, 'son los más emblemáticos', y entre ellos ha citado la Torre del Agua, su preferido, así como el Pabellón de España y el de Aragón.
El presidente de la demarcación de Zaragoza del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón Luis Peirote, ha explicado que el primer número de las revistas editadas recoge un reportaje de todos los concursos que se hicieron con arquitectos internacionales y nacionales; el segundo y tercero describen como comenzó a construirse la Expo, y en el último se muestra la Expo tanto fotográficamente como en planos arquitectónicos.
Peirote ha señalado que las revistas, que se han agotado, se van a seguir reeditando y se va a realizar un estuche que contenga los cuatro números.
En cuanto a sus preferencias por las obras de la Expo, Peirote ha comentado que tiene predilección por las que van a permanecer, es decir que no son arquitectura efímera, por lo que le gusta la recuperación de las Riveras del Ebro, el Pabellón de España, la Torre del Agua, y el Pabellón Puente.
Por último, el director de la revista 'Z Arquitectura', José Javier Gallardo, ha comentado que la labor fundamental de la revista es 'difundirla' ya que pretenden que a través de esta edición se conozca Zaragoza porque quieren una 'ciudad con marca'.
A su juicio, es importante que los ciudadanos conozcan que detrás de la Expo 'hay una ciudad muy bien hecha, muy bien constituida, y regenerada', en la que hay oportunidades empresariales, sociales, lúdicas y económicas.
Etiquetas: exposición
Venice Architecture Biennale: Ideal Homes

By RACHEL SPENCE Wednesday, Sep. 17, 2008
IT'S A WIRED WORLD: Guallart Architects' Hyperhabitat installation
Guallart Architects
Asked what he hoped to achieve as curator of this year's Venice Architecture Biennale, Aaron Betsky replied: "To astonish and amaze." He succeeds. "Out There: Architecture Beyond Building" (until Nov. 23; www.labiennale.org) opens in the Arsenal with a parade of "starchitect" installations — visionary, fantastic creations that push the boundaries of architecture.
Frank Gehry's Ungapatchket, a wooden tower with curved panels covered in clay, is both a design for a contemporary Moscow hotel and a throwback to the plaster-and-wood molds used for the Statue of Liberty. It's a dramatic, back-to-basics statement by the maestro of high-tech spectacle. The Spanish studio of Guallart Architects takes the opposite approach, presenting a Hyperhabitat of household objects embedded with micro servers that digitally communicate with each other.
But whether sci-fi or low-tech, the future of architecture is still, it seems, about people. Landscape artist Kathryn Gustafson offers up Towards Paradise, a lush oasis that stands as an allegory for the human condition. "It's not a Utopia," explains Betsky. "It's a garden you can sit in. A concrete paradise." That, surely, is the ultimate architectural vision.
Etiquetas: bienal venecia, Guallard
Peter Zumthor, architecte lauréat du Praemium Imperiale 2008
L'architecte suisse Peter Zumthor, mondialement connu pour les thermes de Vals, a été récompensé le 16 septembre pour sa "contribution au monde des arts", à travers le Praemium Imperiale 2008 décerné par la Japan Art Association. Une somme de 15 millions de yens (environ 98.000 euros) lui sera remise lors de la cérémonie officielle qui se déroulera le 15 octobre prochain à Tokyo.
Né le 26 avril 1943 à Bâle (Suisse) d'un père ébéniste, Peter Zumthor étudie à Bâle et à New York. Puis, il travaille sur des projets de restauration de bâtiments historiques dans le canton de Graubünden, au sud-est de la Suisse. Devenu architecte indépendant en 1979, il conserve aujourd'hui son atelier dans le petit village de Haldenstein du même canton. Il construit principalement en Suisse mais également dans d'autres pays d'Europe, souvent dans des zones rurales ou montagneuses éloignées des grandes villes. "L'architecture est ma passion, explique Zumthor. Aussi, quand on me propose un projet, il est important pour moi d'avoir la possibilité de faire quelque chose de beau."
Lieux de culte, musée, maison, thermes…
Son talent particulier réside dans la conception de lieux de culte. La Caplutta Sogn Benedetg (Chapelle Saint-Benoît), construite en 1989 dans le village alpin de Sumvitg, remplace une église médiévale détruite par une avalanche. Son intérieur tout en bois, conçu comme un navire, est l'image même de l'ordre. De même en 2007, la Bruder Klaus Feldkapelle (Chapelle Champêtre de Frère Nicolas) émerge des champs au sortir de Cologne. L'édifice incarne avec noblesse le profond engagement religieux des habitants de cette campagne qui vivent en communion avec la nature.
S'y ajoute Kolumba, Musée d'art de l'archevêché de Cologne (photo ci-dessus), applaudi à son ouverture à l'automne 2007, qui exprime la continuité de l'histoire depuis l'époque romaine à travers la revalorisation d'une ruine ancienne. Le musée puise sa force spirituelle dans la lumière naturelle qui en baigne les salles. Zumthor a également construit, entre autres : la Maison Gugalun en Suisse, où il s'est employé à donner un nouveau souffle à une ancienne ferme transmise à travers les générations d'une famille alpine ; les thermes de Vals, également en Suisse, bâti en pierre locale ; ainsi que le Musée d'art de Bregenz (Autriche), couvert de verre translucide.
Dans chacune de ces constructions, l'aspect pratique vit en symbiose avec la dimension esthétique. L'agencement des ombres et de la lumière ne dépareillerait pas dans l'Éloge de l’ombre du Japonais Junichiro Tanizaki. Pour Zumthor, l'architecture ne doit jamais être uniquement fonctionnelle : elle doit également apporter la beauté à l'usage. Les constructions, insiste-t-il, doivent être "conçues spécifiquement pour les lieux qu'elles occupent, pour ainsi dire, faites sur mesure".
A noter que la chaîne de télévision "Arte" diffusera à plusieurs reprises un reportage de 27 minutes sur "Les thermes de pierre" de Peter Zumthor (Richard Copans, réalisateur) : le 18 septembre à 6h10, le 20 septembre à 4h25, le 27 septembre à 11h05 et le 29 septembre à 13h.
Etiquetas: Zumthor
Venise, capitale mondiale de l'architecture
La Sérénissime accueille jusqu'au 23 novembre la XIe Biennale internationale d'architecture autour du thème proposé par son directeur, Aaron Betsky : "l'architecture au-delà du bâtiment".
Face à une telle proposition, les tentatives de réponses sont d'ordre conceptuel - de nombreuses installations artistiques en témoignent, tant dans la corderie de l'Arsenal que dans les pavillons nationaux - ou bien ancrées dans le réel et la pratique du projet. C'est le parti adopté par Francis Rambert, directeur de l'Institut français d'architecture et commissaire du pavillon français. Sous l'étendard de la "GénéroCité", le collectif d'architectes invité French Touch a sélectionné une centaine de bâtiments passés, actuels, ou promis à réalisation, qui démontrent qu'il est possible d'élargir le cadre strict du programme pour aller vers un supplément de valeur d'usage. "Dans une société marqué par le repli sur soi, la générosité apparaît comme une valeur-refuge qui amène à explorer la question de l'usage et non celle de l'image" explique Francis Rambert. Autrement dit, une architecture "qui fabrique de la ville et crée de nouveaux liens sociaux, en donnant plus d'espace intérieur et plus d'espace public, malgré les exhortations à être toujours plus économe en budget et en énergie", précise t-il. Côté récompenses, l'architecte américain Frank Gehry a reçu un Lion d'or pour l'ensemble de son oeuvre, tandis que le pavillon polonais était distingué au titre de "meilleure participation nationale" pour sa réflexion sur le cycle de vie et le devenir des bâtiments dans le monde contemporain.
Jacques-Franck Degioanni
Etiquetas: bienal venecia
Architecture icône cherche acheteur fiable
LE MONDE | 17.09.08 | 16h55 • Mis à jour le 17.09.08 | 16h55
Si vous regrettez de ne pas avoir pu acheter la paradisiaque maison Kaufmann, en Californie, lors de sa vente événement par la maison Christie's à New York le 13 mai, consolez-vous : contre toute attente, elle est toujours sur le marché. Fait rarissime, l'acheteur de la villa s'est en effet désisté.
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Icône de l'architecture mondiale, la Kaufmann House a été bâtie en 1947 dans le désert de Palm Springs par un des maîtres du modernisme américain, Richard Neutra. Le 13 mai, elle a une nouvelle fois marqué l'histoire en devenant le premier bâtiment vendu dans des enchères d'art, au milieu de toiles de Mark Rothko, Francis Bacon ou Andy Warhol (Le Monde du 2 mai).
Les vendeurs, Brent et Beth Harris, ont restauré la maison avec soin, au prix de 5 millions de dollars, après l'avoir achetée 1,5 million de dollars en 1993. Ils souhaitaient par cette vente "que les gens voient les maisons modernistes comme davantage que de l'immobilier" : des oeuvres d'art. Le 13 mai, un acheteur anonyme emportait le marché par téléphone, pour 15 millions de dollars, plus 1,8 million de frais. Soit l'estimation la plus basse de la maison, que Christie's avait évaluée entre 15 et 25 millions de dollars.
Quelques mois plus tard, patatras, Christie's annonce que "la transaction a été annulée par le vendeur en raison du non-respect du contrat par l'acheteur". Difficulté à réunir les fonds sur un marché bancaire sinistré par la crise des subprimes ou désamour soudain pour le décor rocailleux de Palm Springs ou les lignes géométriques dessinées par Neutra, le mystérieux acquéreur a en tout cas changé d'avis.
Christie's refuse de donner la moindre indication sur la suite des événements et un éventuel procès, renvoyant vers l'avocat californien des Harris, Mark A. Nitikman. Lequel observe un rigoureux silence radio. La Kaufmann House pourrait être proposée dans une nouvelle vente d'art. Beth et Brent Harris pourraient aussi décider d'afficher simplement leur maison chez un agent immobilier. Au risque de voir s'évanouir les prix mirobolants du marché de l'art : selon le couple, l'estimation de leur bien sur le marché immobilier était inférieure à 6 millions de dollars.
Grégoire Allix
Etiquetas: Ensayo, Le Monde
Bernard Tschumi: principes d'architecture dans un taxi
Le célèbre bâtisseur franco-suisse vient de relever un défi vertigineux en réalisant le Musée de l'Acropole à Athènes. Dans une voiture qui l'amène à Genève-Aéroport, il évoque quelques grands moments de sa carrière.
PAR SYLVAIN MENETREY
Architecte de quelques-uns des bâtiments les plus emblématiques de ces vingt dernières années, théoricien proche des milieux artistiques et personnage cosmopolite, Bernard Tschumi est de passage à Renens, sa ville d'origine. Il est venu expliquer son travail lors d'une conférence sur le lieu de l'un de ses récents hauts faits, le nouveau siège de l'Ecole cantonale d'art de Lausanne (Ecal).
Outre le bâtiment de la fabrique Iril, qu'il a transformé avec l'aide du bureau Fehlmann afin qu'il accueille cette école d'art, il a largement évoqué son dernier projet, un défi vertigineux: la construction du Musée de l'Acropole à Athènes, qu'il vient d'achever.
Tschumi a échafaudé le concept de ce bâtiment avant-gardiste à partir de la fameuse frise en marbre du Parthénon que détient encore le British Museum, mais qui doit réintégrer son site originel.
L'étage supérieur du musée, à la superficie égale à celle du Parthénon, est orienté de manière strictement parallèle au temple antique. Un dispositif qui permettra à la frise de retrouver sa configuration initiale et à l'histoire qui y est gravée d'être perçue comme jadis.
Ce parti pris donne toute son originalité et son élégance au bâtiment dont l'étage semble se déhancher au-dessus d'un rez-de-chaussée, lui-même posé sur des pilotis de béton qui sauvegardent les fouilles archéologiques du sous-sol. Un nouveau tour de force pour l'architecte franco-suisse de 64 ans qui n'aime rien mieux que se frotter aux ouvrages réputés inexécutables.
Il nous a reçus au lendemain de sa conférence dans un taxi en partance pour Genève-Aéroport.
C'est amusant de vous interviewer en taxi, car j'ai lu que vous utilisez ce temps dans les transports pour développer vos concepts.
Pendant le travail en agence, on est sans cesse interrompu. Les seuls moments durant lesquels je trouve le calme pour prendre de la distance par rapport aux questionnements sont mes déplacements, que ce soit en taxi, en avion, en train ou même dans le métro. J'ai des centaines de feuilles volantes où je trace des esquisses et des diagrammes, avec généralement mes écouteurs sur les oreilles.
Vous allez bientôt inaugurer l'un de vos projets les plus représentatifs avec le Musée de l'Acropole. Comment vous êtes-vous intéressé à ce défi qui vous confrontait à plus de 2000 ans d'histoire de l'architecture?
Des gens en Grèce ont attiré mon attention sur ce concours. Au départ, j'étais un peu dubitatif, craignant la lourdeur de la bureaucratie et un concours malhonnête comme il en existe tant. Mais comme le thème était quand même intéressant, j'ai participé.
Vous parlez des nombreuses contraintes inhérentes à cet objet et au site qui coïncide avec un champ de fouilles archéologiques à préserver. Le choix paraît pour le moins curieux.
Je crois que l'ensemble du territoire athénien n'est qu'un vaste réseau de fouilles. Il aurait fallu construire dans les franges de la ville à 5 ou 10 kilomètres de l'Acropole. Le site en question s'est retrouvé au cœur d'une bataille ahurissante qui opposait divers groupes de pression. Les archéologues demandaient qu'on ne touche à rien, tandis que d'autres personnes estimaient que le musée était une occasion de mettre en valeur ce lieu.
Comment est né le concept?
J'ai montré dans les années 70 ce que j'ai appelé les «Filmscripts» dans une galerie new-yorkaise. Il s'agissait d'un dessin de 11 m. de long qui racontait un meurtre sur la 42e rue. Pour percevoir l'histoire, le spectateur devait se déplacer dans l'espace et littéralement éprouver l'architecture. Le mode de notation superposée, en portée, permettait de montrer simultanément la narration, des plans de la rue et d'autres éléments.
J'ai découvert plus tard qu'Eisenstein a composé «Alexandre Nevski» selon le même système. Chaque plan du film était découpé en vignettes qui progressaient au même rythme que la musique par exemple. Or, Eisenstein avait construit son film après un voyage en Grèce où il avait observé la frise du Parthénon. On retrouve des scènes de bataille dans son film qui sont des copiés-collés de l'œuvre antique.
A partir de ces déductions, il devenait évident qu'il fallait reprendre le concept des «Filmscripts» et concevoir un bâtiment qui puisse la rétablir dans sa configuration originale. Je suis le seul architecte qui ne l'ait pas fractionnée dans son projet ce qui m'a sans doute valu la victoire.
Vos expériences passées nourrissent toujours vos projets ultérieurs. A contrario, qu'y a-t-il de nouveau avec cette récente réalisation?
J'ai gagné le concours d'Athènes en 2001. Pendant trois ans, je n'ai jamais montré ce projet lors de mes conférences, car je ne voyais pas de lien avec mes réalisations antérieures. Je pensais qu'il s'agissait d'une exception.
Rétroactivement, j'ai découvert beaucoup de choses. J'ai reconnu la notion de contexte que j'ai toujours évacuée de ma réflexion au profit du concept et du contenu alors que cette contrainte fait partie intégrante de tous mes projets. Avec l'Acropole, il n'était pas possible d'arriver avec une solution toute faite, il fallait travailler avec une situation sans précédent. Cette dimension du contexte n'apparaît pas dans les livres d'architecture, elle est pourtant essentielle.
Que dessinerait un Bernard Tschumi sans restriction?
Je ne vois aucun problème à travailler en l'absence de contrainte. Prenons l'exemple de Vacheron Constantin à Genève. Le site ne posait a priori pas de difficultés particulières. Mais dans chaque projet, il s'agit de poser un questionnement.
Dans ce cas, j'ai identifié que le problème concernait l'enveloppe (ndlr: métallique à l'extérieur, en bois à l'intérieur) car il fallait trouver un dénominateur commun entre l'espace de la manufacture et celui des bureaux administratifs.
Comme plusieurs de vos architectures, ce bâtiment ne possède pas de façade. D'où vous vient ce désir de supprimer cet élément?
J'ai fait plusieurs bâtiments semi-circulaires qui questionnaient la hiérarchie à quatre côtés qu'implique la façade. Pourquoi distinguer le toit du mur? C'est une idée reçue vieille de plusieurs milliers d'années qui s'explique par des raisons pratiques de construction.
Aujourd'hui, cette dichotomie n'est plus indispensable grâce aux avancées techniques. Mais la culture n'a pas évolué aussi vite. L'idéologie des portes, des fenêtres et des façades nous emprisonne. Je m'en suis libéré en parlant d'enveloppe.
L'enveloppe et le vecteur sont deux notions clés de votre recherche, pouvez-vous nous expliquer ce dernier concept?
Un bâtiment est non seulement un abri, mais aussi un espace de circulation. Il est toujours composé d'une enveloppe et de vecteurs. Au lieu de façade et de corridors ou de coursives, on arrive avec ces concepts à une certaine liberté qui permet d'envisager une approche architecturale libre et fraîche.
Vous avez été pendant des années un théoricien de l'architecture jusqu'au projet du parc de la Villette à Paris. Qu'est-ce qui a enclenché ce tournant vers la pratique?
Un moment, je me suis dit qu'il était bien beau de développer des concepts, d'enseigner et d'exposer des projets dans des galeries. J'ai voulu me confronter à la réalité des choses. A son arrivée, la nouvelle équipe socialiste au pouvoir en France a décidé de lancer des grands projets destinés à embellir Paris.
Le premier concours était celui de La Villette, une compétition anonyme. J'en suis sorti lauréat et j'ai dû promptement monter une agence et jongler avec des budgets de centaines de millions!
Pourquoi ce concours précisément?
Au contraire de ses prédécesseurs, il n'était pas réservé qu'aux architectes nationaux, mais ouvert à tous ce qui a consacré l'avènement d'une nouvelle génération d'architectes trentenaires. Tous les meilleurs de cette tranche d'âge comme Zaha Hadid ou Rem Koolhaas ont participé. Un nouveau débat d'idées s'est amorcé. Ceux qui nous prenaient pour des architectes de papier se sont rendu compte qu'on était capables de mener des projets à bien.
Dans les années 80, votre nom s'est trouvé associé aux leurs de même qu'à quelques autres comme Daniel Libeskind, Frank Gehry et Jean Nouvel sous l'appellation «déconstructivistes». Comment jugez-vous votre carrière en regard ce ces architectes, tous devenus des stars de la profession depuis lors?
L'évolution d'un architecte est de deux ordres. D'une part, il y a les décisions qu'on prend, de l'autre le fruit des circonstances, des téléphones qu'on reçoit, des concours... Certains d'entre nous doivent composer avec des bureaux de plus de 100 personnes, ce qui force à accepter des mandats commerciaux.
J'ai la chance d'être toujours critique et de m'impliquer directement dans chacun de mes projets grâce à la taille volontairement réduite de mes bureaux (ndlr: Bernard Tschumi emploie dix personnes à Paris et 20 personnes à New York).
Vous avez participé aux événements de Mai 68 dont on fête l'anniversaire cette année. En quoi ces événements vous ont-ils influencés?
En Mai 68, une génération d'architectes s'est dit qu'elle pouvait changer le monde. Pas simplement, du point de vue créatif, mais en réinventant des définitions et en pensant de manière globale. Il fallait une certaine dose d'innocence pour y croire, mais ce fut un moteur incroyable qui aujourd'hui encore m'anime dans mon travail.
Et plus généralement, en quoi Mai 68 a-t-il fait évoluer l'architecture?
Dans l'après-guerre, on a assisté à une consolidation des idéaux modernes soutenus par des intérêts officiels et corporatifs, avec tout ce que cela suppose d'excès, d'injustice et de manque de contenu social.
La Chine contemporaine et ses destructions de quartiers populaires au profit de grands ensembles donnent une idée de ce qu'on vivait à l'époque. Toutes ces questions ont amené des réflexions. Certains ont trouvé une échappatoire en disant qu'ils ne pouvaient plus être architectes. D'autres ont regardé vers le passé, le XVIIIe siècle, ses rues et ses places devenant synonymes de démocratie et d'interaction.
Un dernier groupe auquel j'ai appartenu, peu sentimental du passé, s'est posé la question des nouvelles avant-gardes en s'attachant à la problématique du contenu. Nous l'avons plutôt théorisé au sein de quelques instituts d'architecture foisonnants comme l'ICA et l'AA de Londres et Columbia à New York où j'ai enseigné.
Nous étions les seuls à faire ce travail d'exploration qui a généré des architectes attentifs à l'image et la forme. D'autres, comme moi et Koolhaas, ont plutôt réfléchi au programme, à l'activité et à l'usage. Ces recherches ont ébranlé le postmodernisme.
Aujourd'hui, vous faites partie des architectes qui s'attaquent aux ouvrages de prestige. N'y a-t-il pas un risque de tomber dans la pièce unique, l'objet sculptural?
Il faut effectivement faire très attention de ne pas tomber dans ce piège. En anglais, on distingue l'architecture du what et celle du wow. Je me situe quand même dans le what, même si je veux faire de belles choses.
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Du théoricien engagé à l'architecte star
Né en 1944, Bernard Tschumi a de qui tenir puisqu'il est fils de Jean Tschumi, grand architecte vaudois, constructeur entre autres du bâtiment Nestlé de Vevey.
Il a étudié l'architecture à l'Ecole polytechnique fédérale de Zurich (EPFZ), après une éducation cosmopolite qui l'a amené à vivre dans divers lieux comme New York où il réside encore aujourd'hui.
Il se forge une réputation de théoricien d'avant-garde comme enseignant au AA de Londres (Architectural Association School of Architecture), avec les «Filmscripts», avec des projets à la limite du pop art et du situationnisme comme les tracts «Advertisment for architecture» et des publications qui lancent de nouveaux concepts radicaux comme autant de pavés dans la mare du postmodernisme.
Le parc de La Villette à Paris (1982-1995) constitue son passage de la théorie à la pratique. Premier parc urbain du XXe siècle, célèbre pour ses 26 folies métalliques rouges, ses non-lieux, ses entre-deux, son concept point-ligne-surface et son espace éclaté, La Villette est une application des concepts qu'il a développés jusqu'alors.
Ses autres réalisations d'importance sont le Centre national pour les arts contemporains du Fresnoy (1991-1997), un «palimpseste» pour lequel il a imaginé un toit sous forme de superstructure qui venait chevaucher le bâtiment existant; le siège Vacheron Constantin à Genève (2001-2003); les Zénith de Rouen et de Limoges, le premier en béton et acier, le second translucide en bois et verre, mais tous deux composés d'une double enveloppe qui fait fi de la façade et des colonnes.
La Blue Tower de New York, immeuble d'habitation de 16 étages à la peau bleutée et aux courbes évasées, est un autre manifeste de l'architecte franco-suisse.
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Un arquitecto global
17.09.08 - J. G. | AVILÉS
El nombre del barón Norman Robert Foster siempre figura en la selecta serie de firmas de la arquitectura mundial que, por sí solas, dan impronta a sus cotizadas creaciones que se reparten por todo el mundo. Foster, como Gehry, Nouvel, Zaha Hadid, Calatrava o Isozaki, además de Óscar Niemeyer, forman parte de un selecto grupo cuyo nombre ya es garantía de repercusión para cualquier proyecto. Y por eso, gobiernos, empresas e instituciones de todo el mundo se los rifan.
Norman Foster tiene en la actualidad una veintena de grandes proyectos en marcha. En España, destacan la torre Caja Madrid (llamado a ser el rascacielos más alto de España, con 250 metros de altura) y la reforma del estadio Camp Nou de Barcelona.
Pero no han sido los únicos. Ejemplos de su arquitectura lucen también en Bilbao (su estudio firma el metro de la ciudad vasca) o Valencia (palacio de congresos). Norman Foster, de 73 años, ha sido prolífico, y cuenta con obras repartidas por medio mundo, desde Astaná, capital de Kazajistán, donde en 2006 inauguró su Palacio de la Paz y la Reconciliación, hasta la torre Hearst de Nueva York, el aeropuerto internacional de Hong Kong, la torre Commerzbank de Frankfurt, el puente del Milenio de Londres o el edificio del Deutsche Bank en la ciudad australiana de Sydney.
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Foster se interesa por la ´Isla de la innovación´ que tilda de proyecto ´espectacular´
El arquitecto británico Norman Foster ha reconocido hoy en Oviedo su interés por la "Isla de la innovación" que se construirá en Avilés, y ha afirmado que se trata de un proyecto "espectacular" que, a su juicio, "toca todos los grandes temas de la arquitectura y del urbanismo actual".
EFE Foster se ha reunido hoy en la capital asturiana con el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, tras haber solicitado una reunión al Gobierno regional por su interés en el proyecto arquitectónico que se desarrolla en Avilés.
"La isla de la innovación", que se construye en la ría de Avilés, surgió en torno al Centro Internacional Oscar Niemeyer, tras ceder el arquitecto brasileño el proyecto a la Fundación Príncipe de Asturias con motivo del 25 aniversario de esta institución.
El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer será la sede de la Fundación del mismo nombre, pero también aspira a ser referencia o sede permanente de la Bienal de Arquitectura española.
Además, también en esta isla artificial con forma de pez, se generará un espacio donde pueden convivir actividades relacionadas con la cultura y la innovación, y se situará el Palacio de América, con la finalidad de acoger congresos, convenciones y actividades feriales.
El entorno contemplará un parque empresarial y en el borde del canal se ubicarán los lofts, tipología edificatoria propia de antiguas áreas industriales recuperadas, y a lo largo de la ría se dispondrán los denominados 'Cubos de la Innovación', pequeños edificios de diseño eco-tecnológico, con pantallas interactivas, que serán soporte de proyecciones de arte electrónico, información y presentación de programas.
El proyecto conlleva la construcción de una nueva estación de trenes y autobuses, la superación de la barrera ferroviaria que hoy día aisla la zona de la ría del centro urbano de Avilés y la generación de espacios urbanos de calidad.
Tras la reunión, Areces ha explicado que "antes del verano" Foster se dirigió al Gobierno regional "mostrando su interés por esa actuación", y ha afirmado que para el Principado "es un honor" que un arquitecto de su prestigio "conozca los proyectos que se están haciendo en Asturias y esté interesado en ellos".
"Sería extraordinario que pudiera participar en algunos de esos desarrollos y hemos mantenido hoy un cambio de impresiones muy positivo", ha manifestado Areces.
Según Areces, Foster ha destacado que lo que se está proyectando en Asturias tienen un "interés internacional de primerísimo nivel" y ha anunciado que darán continuidad a estos contactos para buscar la colaboración de un arquitecto tan "prestigioso".
El jefe del Ejecutivo asturiano ha precisado que, de momento, el proyecto se está analizando en su conjunto y en el mismo puede haber "una o varias piezas" de interés que cuenten con la participación del arquitecto británico, aunque ha subrayado que "todavía es prematuro definir" esa colaboración.
Foster, por su parte, ha insistido en que la "Isla de la innovación" es "espectacular" con una visión internacional porque toca todos los grandes temas del urbanismo y la arquitectura actual, como la relación entre lo histórico y el futuro, la ambición y la coordinación de las infraestructuras y de los edificios singulares.
"Estoy realmente encantado de conocer estos proyectos y de poder participar en ellos", ha afirmado Foster.
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Venice Architecture Biennale
The star system doesn't cast much light, but some national pavilions shine.
By Christopher Hawthorne, Times Architecture Critic
September 17, 2008
VENICE, ITALY -- WHILE THE Venice Architecture Biennale remains the most anticipated and ambitious design show in the world -- not to mention the only one featuring cocktail parties in canal-side palazzi -- every edition is marked by a curious split personality. There is a core exhibition, organized by a single curator and displaying work by the leading names of the profession, and along with it a scattered collection of national pavilions filled with designs by mostly anonymous younger architects. Because the pavilions vary so much in quality -- and theme -- they always knock the central exhibition at least a bit off message.
Rarely, though, has the gap in tone between the two sections been as wide as it is this year. The main show, organized by American-born Aaron Betsky, manages to be unsure of itself, divided against itself and pleased with itself at the same time. Its biggest gestures -- at the start of the exhibition, inside the cavernous old shipbuilding complex called the Arsenale -- come from a parade of celebrity architects, including Zaha Hadid, Elizabeth Diller + Ricardo Scofidio and Frank Gehry, nearly all of them playing down to the moment with overscaled, underwhelming work. A separate section on experimental architecture, which Betsky prepared with a young Italian curator, Emiliano Gandolfi, has the opposite problem. It is dense and unwieldy, a thicket of projects containing a handful of stirring moments but no clear theme.
In the way it embraces celebrity architecture and digital design without hesitation or irony, Betsky's Biennale seems nearly a decade out of date. It reflects the attitudes that dominated architecture before 9/11, the Iraq war or the current economic crisis -- and before rebuilding fiascoes at Lower Manhattan's ground zero and in New Orleans, which proved a kind of Waterloo for architecture's star system and exposed computer-modeling skills as ultimately meaningless in the absence of political ones.
In chasing glamour, and in trying to wring the last drops of relevance from tired and impenetrable theory, Betsky walls off the show itself from the real world and its growing list of ailments with a certain incoherent nonchalance.
Where the action is
The tone in the best of the national pavilions, on the other hand, could not be more different or seem more timely. The standout Polish pavilion -- curated by a pair of young architecture critics, one 28 and the other 32 -- features Photoshopped images of new buildings in Warsaw as they might be used in a dystopian future five or six decades from now, with a steel-and-glass office block by Norman Foster re-imagined as a dank prison and an airport holding livestock instead of planes. The tone of the accompanying wall text is pitch-perfect: apocalyptic but dry, like Cassandra writing in the Onion.
The Belgian pavilion is wrapped in makeshift metal scaffolding and filled ankle-deep with confetti, suggesting that the party architecture has enjoyed for the last decade, with seemingly endless sources of capital available for big building projects, has finally and definitively come to an end. It asks how architects with a collective hangover might rally to design projects to save a ruined world.
Those two pavilions, by leading with black comedy and taking environmental degradation as a given, offer a reminder that, while tough times don't produce many new buildings, they often help cultivate architecture's most lasting ideas. That alone is reason, in this shaky moment, for at least some optimism.
Ranging ideas
The prize for bluntness, meanwhile, goes to the Estonians, who erected a bright yellow pipe as their pavilion. Snaking through the grounds of the Giardini, the leafy gardens where most of the Biennale's national pavilions are located, it offers a sophomoric but highly effective commentary on plans by the Russian gas conglomerate Gazprom to run a gas pipeline under the Baltic Sea, through or near Estonian territory.
Other pavilions are quietly forceful. Japan is showing defiantly fragile, dreamlike house designs by Junya Ishigami. The American pavilion, intelligently organized by William Menking, is packed with substantive projects, such as a tribute to Alice Waters' Edible Schoolyard project as well as work by Rural Studio, Teddy Cruz and others, that aren't helped by a rather dull installation. And the Chinese pavilion, curated by a team led by Yung Ho Chang, dean of the architecture school at MIT, features handsome photographs, sealed under glass atop schoolroom desks, of what it calls "ordinary" architecture. The pictures show Soviet-style housing blocks that went up in Beijing and Shanghai in the 1950s and are now under nearly constant threat of demolition as the Chinese government pursues headlong growth and urbanization.
In those sections, it's possible to imagine a long list of themes Betsky might have turned to for inspiration in place of "Beyond Architecture," the boilerplate, intellectually jaded one he chose. Now the director of the Cincinnati Art Museum and before that head of the Netherlands Architecture Institute, Betsky has long been known more for his broad web of relationships with architects, critics, curators and editors than for the strength of his ideas. This Biennale will only cement that reputation. He has enlisted an impressive collection of talent -- including Atelier Bow-Wow, UN Studio, Droog Design, An Te Liu and MVRDV -- without managing to shape their contributions into a pointed argument. Los Angeles is represented by a generational cross-section that includes Gehry, Thom Mayne, Koning Eizenberg Architecture, Greg Lynn and Ball-Nogues Studio -- although it may say something about Betsky's selection process that he once worked in Gehry's office, as did Lynn and both founders of Ball-Nogues.
Scattered shots
To be fair, Betsky had less time to organize the exhibition than did curators of other recent Biennales. But feeling rushed and slightly ad hoc is the least of this Biennale's problems. Particularly in the Arsenale, where the boldface names reside, you get the sense that the architects told Betsky what they wanted to include in the show and exactly how they wanted to present it rather than the other way around. When they mail it in -- as many do -- the show sags. And when they produce something inspired, it peps up, if only temporarily: The landscape architect Kathryn Gustafson nearly saves the Arsenale section all by herself with an evocative garden hidden behind the warehouse buildings, while the Chinese firm MAD Studio turns nostalgia for Archigram and other collective firms of the 1970s -- which was rampant in this Biennale -- into something relevant to contemporary city-making. Its proposal for a new kind of stand-alone mobile city -- in the form of a multi-pronged, star-shaped megastructure -- can easily be read as a critique of Chinese ambition, which is limitless and heavy-handed but also markedly isolationist.
Betsky also asked more than two dozen architects in the show to contribute manifestoes, playing directly to their vanity -- and overlooking the fact that nearly all of them are proud owners of almost comically wooden prose styles. The Spanish architect Vicente Guallart delivers this bit of rip-roaring, to-the-battlements rhetoric: "Any vital function is part of a scaled relation of environments, networks and nodes that interact with individuals on the basis of cultural and economic patterns." Viva la revolución!
christopher.hawthorne@ latimes.com
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OMA presenta la renovación urbana de dos ciudades europeas en la Bienal de Venecia
En la 11 ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia la Oficina de Arquitectura Metropolitana exhibe la regeneración urbana propuestas para el distrito de negocios de La Défense en París y para el descuidado puerto pesquero de Saint’Elia en Cagliari, Italia.
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L'architecte suisse Peter Zumthor reçoit l'une des plus grandes distinctions culturelles au Japon
16.09.2008 22:41
L'architecte suisse Peter Zumthor a été désigné mardi lauréat du prix "Praemium Imperiale", l'une des plus hautes distinctions culturelles japonaises. Il recevra son prix et 158'000 fr. lors d'une cérémonie le 15 octobre à Tokyo. Ce prix récompense chaque année 5 personnalités qui s'illustrent dans les domaines de la culture et des arts. Né à Bâle en 1943, Zumthor a ouvert un bureau d'architecture à Haldenstein (GR). Il rejoint au palmarès du "Praemium Imperiale" Jacques Herzog et Pierre de Meuron, primés l'an dernier. Jean-Luc Godard et Niki de Saint-Phalle avaient aussi reçu cette distinction. (SWISS TXT)
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Le métro parisien dévoile son patrimoine
En voiture pour un voyage à travers plus d’un siècle d’architecture ! A l’occasion des journées du patrimoine qui auront lieu ce week-end, la RATP organise des visites guidées à travers son patrimoine visible mais aussi caché. L’occasion pour les visiteurs d’entamer un voyage dans le temps et les époques, de l’art déco aux lignes automatisées. Visite.
«Le rames défilent, le patrimoine reste» : c’est ainsi que la Régie autonome des transports parisiens (RATP) introduit sa participation aux journées du patrimoine, pour la quatrième année consécutive. Les 20 et 21 septembre, le métro offre des visites guidées à travers son architecture et son patrimoine. C’est l’occasion de revoir des quais arpentés chaque jour avec un œil de visiteur et non d’usager, mais aussi de découvrir les stations fantômes et autres trésors cachés de ce métro qui fête cette année ses 118 ans.
En y regardant de plus près, on s’aperçoit que chacune des quelque 300 stations du métro parisien est unique ! Certaines sont même chargées d’histoire… telle la station Pasteur, qui au début du siècle dernier offrait deux entrées différentes… à quelques mètres d’écart ! Deux lignes exploitées par deux compagnies différentes passaient en effet par cette station. A l’arrêt Victor Hugo, on découvre une deuxième station, laissée à l’abandon car construite trop en courbe pour pouvoir être exploitée : il y avait à certains endroits des écarts de plusieurs dizaines de centimètres entre les voitures et le quai ! L’ancienne station est donc visible depuis le métro, à l’intérieur du tunnel, et la nouvelle accueille les voyageurs quelques mètres plus loin.
Un capital culturel
En plus des anecdotes sur l’histoire du métro et de ses stations fantômes, dont certaines servent d’ailleurs régulièrement à des tournages de films, la visite du patrimoine du métro passe aussi par un voyage à travers plus de cent ans d’architecture. «A la RATP, l’histoire nourrit le futur», explique Yo Kaminagai, responsable de l’unité design et projets culturels. «Le patrimoine est un capital culturel issu des créations du passé, un élément partagé par toutes les générations et dont on peut se servir. Au sein du réseau, chaque création doit s’insérer dans un cadre qui transmet l’histoire et a l’ambition de nourrir le patrimoine de demain». On redécouvre ainsi les entrées du métro en style Art déco, conçues par Hector Guimard, qui furent à l’époque aussi controversées que le kiosque des Noctambules créé cent ans plus tard par Jean-Michel Othoniel pour décorer la sortie du métro Palais royal, faisant face à une entrée du musée du Louvre. On y apprend aussi pourquoi le métro parisien reste tellement attaché à ses carreaux blancs, malgré les tentatives plus colorées lancées dans les années 70.
Dans certaines stations, on trouve aussi des cadeaux offerts par de grandes métropoles comme Mexico, Chicago ou Montréal, en échange de répliques des entrées de métro imaginées par Hector Guimard : car le métro, c’est aussi un grand musée ! Comme le rappelle Yo Kaminagai, «un ouvrage de cette taille installé dans la ville, c’est assez incroyable au niveau urbanistique !»
Découvrez les dessous du métro parisien en imagesM. D.
16/09/2008
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A Venise, la pirouette triomphe de l'architecture
VENISE ENVOYÉ SPÉCIAL
L'humour et la pirouette l'ont emporté sur le premier degré. La 11e Biennale d'architecture de Venise, la plus importante manifestation du genre, a décerné ses Lions d'or, samedi 13 septembre, avant d'ouvrir au public le lendemain. Hors concours, l'Américain Frank Gehry a reçu un prix pour l'ensemble de sa carrière. Restait à distinguer les architectes et pays qui ont le mieux répondu au thème obscur formulé par le directeur, Aaron Betsky : "l'architecture au-delà du bâtiment".
Côté exposition internationale, dans l'Arsenal, où l'on croise cette année plus d'art contemporain que d'architecture, les meubles en jouets recyclés de l'Américain Greg Lynn se voient récompensés. Et dans les jardins, le pavillon de la Pologne a été désigné "meilleure participation nationale", pour sa réflexion amusée sur le devenir des bâtiments polonais dans un monde en plein chaos. D'habiles photomontages et des scénarios bien troussés imaginent ainsi un immeuble de bureaux signé Norman Foster transformé en prison, la bibliothèque de l'université de Varsovie en centre commercial ou l'aéroport en élevage agricole.
Loin de cette fiction récréative et d'une exposition internationale qui revendique le refus de construire pour libérer l'architecture des contingences mesquines du réel (Le Monde daté 14-15 septembre), certains pavillons se confrontent à l'avenir de la discipline de manière plus... constructive.
Si le pavillon allemand se contente de passer en revue des enjeux d'une architecture responsable, les Danois préparent scrupuleusement la conférence des Nations unies sur le changement climatique, prévue à Copenhague en 2009. Ils transforment leur pavillon en centre de ressources multimédia sur le développement durable et présentent des initiatives locales exemplaires - écodensité à Vancouver, transports publics à Bogota, développement métropolitain à Shanghaï...
MIXITÉ DES USAGES
Le pavillon canadien offre, lui, le survol d'une architecture nationale capable de s'adapter au défi des économies d'énergie dans des milieux variés à l'extrême, du Grand Nord aux grandes plaines, des côtes Atlantique et Pacifique aux Montagnes rocheuses.
Dans le pavillon français, point d'obsession écologique mais une autre forme de militantisme : celui d'une architecture "généreuse et non générique". Intitulée "GénéroCité", l'exposition présente des bâtiments qui, "au-delà de leur qualité architecturale, aujourd'hui un service minimum, fabriquent de la ville et créent de nouveaux liens sociaux, réussissent à donner plus d'espaces intérieurs mais aussi plus d'espace public, malgré les exhortations à être toujours plus économe en budget et en énergie", explique Francis Rambert, directeur de l'Institut français d'architecture et commissaire du pavillon sur lequel flotte en lettres de néon le mot "optimiste".
Francis Rambert s'est entouré du jeune collectif French Touch, auteur d'un récent Annuel optimiste d'architecture, catalogue décomplexé d'une production française ambitieuse et inventive. A Venise, les quinze agences de French Touch (Périphériques, Philippe Gazeau, Beckmann et N'Thépé, Marrec et Combarel, Plan 01, Jacques Moussafir, Brenac et Gonzalez...) ont sélectionné une centaine de bâtiments.
On y visite des musées et des logements, des piscines et des stades, une crèche, un hôpital et un crématorium, un commissariat et des palais de justice. Des objets architecturaux souvent spectaculaires et colorés, qui ont en commun de dépasser leur cahier des charges pour se confronter aux questions de société que sont la recherche de densité, le partage de l'espace entre public et privé, la mixité des usages, les nouvelles pratiques sociales... Pas toujours des chefs-d'oeuvre. Mais un souci accru de soigner cette architecture du quotidien qui fait la matière des villes.
Devant un écran qui relate l'histoire et les enjeux du projet, une maquette de chaque bâtiment se laisse retourner sur un bras articulé, mode de découverte ludique et métaphore d'un des enjeux de cette architecture voulue durable : l'appropriation par ses usagers.
11e Biennale d'architecture de Venise, jusqu'au 23 novembre. Sur Internet : www.labiennale.org.
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La vida de soltero exige un cambio radical en el diseño y planificación arquitectónica
AMSTERDAM, September 11 /PRNewswire/ -- Cada vez es más la gente que vive sola. Son el grupo demográfico de más rápido crecimiento en el mundo occidental. S1ngletown, parte del Bienal de Arquitectura de Venecia de este año que abre el 14 de septiembre, explora el mundo de estos nuevos "solteros" y qué cambios pueden ser necesarios para acomodarlos en el mundo de los productos, el diseño y el medio ambiente.
Los jóvenes profesionales urbanos eligen estar solteros más tiempo, los viudos viven más tiempo. En espacios diseñados para una ocupación múltiple sólo encontramos una persona. En vehículos con cuatro asientos, solemos ver a un conductor solitario, en camas para dos, sólo duerme uno. Las fuentes prevén que un tercio de la población del mundo desarrollado será soltera para 2026. Este cambio alterará profundamente cómo viviremos y trabajaremos en el futuro. Afectará a las construcciones, productos y servicios.
Las implicaciones se exploran como parte de la Bienal de Venecia de este año, organizada por el crítico de arquitectura Aaron Betsky.
¿Quiénes son los nuevos solteros?
¿Qué tipo de vida llevan?
¿Qué productos y servicios necesitan?
¿Qué implicaciones hay en la forma en que planificamos los productos y servicios, y creamos las ciudades del futuro? Para iniciar el debate, Droog, junto con la agencia de comunicaciones KesselsKramer creó S1NGLETOWN, una exploración de la vida de soltero.
A través de los ojos de nueve tipos de "solteros", desde los recientemente viudos a los jóvenes profesionales urbanos, los solteros se emparejan con productos y servicios que más se adaptan a su estilo de vida. Estos productos van desde conceptos de iluminación de alta tecnología a ropa y soluciones de almacenamiento inteligentes.
Los visitantes a la exposición pueden caminar por las calles de S1NGLETOWN, visitar a sus ciudadanos y descubrir la tecnología, diseños y servicios que pueden contribuir a un espacio urbano orientado al soltero del mañana. A lo largo del recorrido, los huéspedes pueden visitar un concepto de restaurante único orientado a los que viven solos y explorar las consecuencias medioambiental de estar soltero (los solteros producen muchos más residuos que los que viven juntos).
S1NGLETOWN es un proyecto Droog y KesselsKramer. Es parte de 'Out
There, Architecture Beyond Building', la Bienal de Arquitectura de Venecia de este año, organizada por Aaron Betsky y a la vista del público desde el 14 de septiembre al 23 de noviembre de 2008.
KesselsKramer es una agencia de comunicaciones con sede en Amsterdam.
Droog es una compañía de diseño conceptual con sede en Amsterdam. Para más información, contacte con: Kyra Muller, us@s1ngletown.org, +31-20-530-1060
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